[Reseña] Caja de fractales – Luis Othoniel Rosa (Entropía, 2017)

Una nueva batalla de la guerra de la forma versus el contenido. Caja de Fractales es una novela construida sobre la idea de lo fractal. Que lo diga en el título y lo disponga en sus páginas es un signo de que el autor quiso poner la idea por sobre la historia ¿Qué tiene de interesante la idea del fractal? Bueno, parte de la novela es un intento de transmitir esa maravilla.Pero, ¿qué tiene de maravilloso el fractal?  Habrá que preguntarle a la gente que se emociona con los cuadros de Escher. No será aquí donde que caigan esos halagos.

La novela tiene seis capítulos, fechados en distintos años que cubren el abanico 2017-2701. Siete siglos. Como ya intuirán los personajes se repiten en diferentes tiempos. Aparecen en diferentes tensiones y significados…. como fractales.

Uno de los epígrafes es del protagonista de VALIS (P.K. Dick). Una frase sobre el lenguaje y el cerebro. Sobre un magma de conocimiento que ha roto sus conexiones con nuestras mentes. El otro, sobre un personaje de Piglia. Dick, Piglia, Macedonio. Los nombres marcan una cancha transitada.

La historia (hay una historia) cubre retazos del futuro de una Puerto Rico en decadencia y apocalíptica (bien). Hay ingredientes simpáticos y a veces interesantes (ángeles que guían a boxeadoras, libros que se viralizan en papel, refugios de moribundos, construcciones del nuevo renacer).  

Hay locura. A veces expuesta muy bien (“(…) Alfred sufre sus ficciones, y el sufrimiento convierte a las ficciones en realidades”), otras no tanto (“Entonces, Alice tiene que estar escribiendo sin que yo lo sepa, y eso es preocupante, porque significa que mi esquizofrenia está fuera de control”). No existe ese nivel de conciencia de enfermedad en la esquizofrenia. Perdón, entiendo la reapropiación del lenguaje bla bla bla. La esquizofrenia no es un accesorio del pensamiento, es el propio pensamiento roto.

Un punto que podría ponerse como flagelo de la época es cuando la wikipediea (“Primero baja un software llamado Torr -sic-, que asegura que el IP o la identidad de la computadora no puede ser rastreada”). Es raro, porque la novela toma bastantes riesgos en cuanto a no mostrar todos los hilos que la mueven, sin embargo, estas descripciones de algo que mal que mal todos conocemos, sacan al lector de la trama y lo pone en un lugar incómodo de falsa sorpresa, como cuando un jefe o un suegro, cuenta un chiste que ya conocemos y no nos hace gracia.

Al priorizar la forma, nos perdemos de un contenido que, desplegado en una novela clásica (una señora novela) hubiese sido muy atrayente. No es que Caja de Fractales no lo sea, pero lo es por el envase, por el envase en que se distribuyen los trucos. El tema es que pocas veces la técnica logra lo épico. Se nota en los capítulos más narrados, no tan ensayísticos: son mejores. Simplemente.

Los editores aclaran al final que “variaciones de párrafos de los siguientes textos fueron reapropiados y adaptados de manera creativa en esta novela”. Y viene una lista de siete textos, entre los que hay uno venenoso porque puede despertar la ira de Lady Voldemort. Ojalá no se avive porque este experimento es pequeño pero más prolijo y mejor orientado que el que generó la ira judicial de you know who.

 

 

 

 

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