El Águila Ha Llegado – Bob Chow (Nudista, 2016)

Bob Chow, que según la biografía mínima del final, casi un epitafio, nació en el 63 (Como Fito), está llenando de libros el mercado. Además de El Águila…, pronto saldrán  el la novela premiada por La Bestia Equilátera y otra novela por Editorial Marciana.

 

El Águila no llegó sola: en su cola venía enganchado un CD (artefacto que se usaba en el siglo xx para escuchar música) con el álbum “El verdadero camino hacia el aeropuerto”.

La primera decisión como lector es no escuchar el disco hasta terminar la novela. En el texto se habla del disco, de las 666 canciones que la protagonista, una musicoterapeuta que le canta canciones al cuerpo inanimado de Gustavo “Ceramic” Gueber, trae de sus encuentros con el artista en una tierra de comatosos.

¿Qué está bien? La producción literaria de la protagonista, novela dentro de la novela: una despliegue parafrénico chino cósmico mezclado con un policial transtemporal. Muy bueno. La imaginacion al servicio de la técnica (Bob Chow escribe muy bien cuando quiere).

¿Qué está mal? Las referencias al presente para pintar un futuro que nunca ocurrirá (la calle Nisman, el barrio Palermo Mangieri, el presidente Scioling). Hay una plaga de referencias a amigos y conocidos, pero eso puede pasar desapercibido.

 

¿Qué está más o menos? Los personajes del médico cínico que flashea con éter, la psicóloga ninfómana, el geco, el amigo. Aburridos. Sólo hace que uno grite: ¡Que se vayan y vuelvan los chinos!Para más, por momentos se ponen a hablar un neutro telenovelero que dan más ganas de matarlos.

La música: Con el CD ripeado esperando ser escuchado, el texto va tirando unas pistas que hacen esperar lo peor. Aparece Peter Gabriel como  personaje. El narrador lo menciona como “(…) el cantautor del primer Génesis, el único que importa”. Aparece una anécdota de Nick Cave haciéndose el bohemio en el Sheraton. Pronóstico: reservado. Reservadísimo.

¿Qué está bien (dos)? La fragmentación. La estructura salva los tiros errados de las referencias de la “realidad” de hace unos lejanísimos dos años.

¿Hay esperanzas? Hay esperanzas. Bob Chow tiene el manual para escribir una novela pynchoniana, pero las hojas se le mezclaron con el diario de Yrigoyen del medio local. Premiado y dando reportajes puede caer en la tentación de la comodidad. Esperemos que no. O que mate a Bob Chow de exposición y haga nacer otro pseudónimo oscuro, venenoso y paranoide que alimente el monstruo que queremos ver. ¿Quienes? Nosotros, los exigentes desesperados por leer un autor vivo que le pelee mano a mano a los muertos.

 

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