Sembraré tu cabeza – Craig Rice (Rastros, 1961)

1.

La otra vez mi hermano me mostró una pila de pulps que había conseguido por un precio pulp. Las tapas y títulos eran geniales: “Los pájaros no cantan” (Helen Nielsen), “De terror también se muere” (Cesar Torre) o “El muerto está muy sano” (Clark Carrados) ¿Quiénes eran esos autores? Al guglearlos uno se encuentra con que Helen Nielsen es una viejita que escribía novelas de suspenso y llegó a hacer guiones para Perry Mason y Alfred Hitchcock Presenta. La entrada de wikipedia es cortita. Además de eso hay un renglón que dice que la simpática abuelita hizo bocetos para la Fuerza Aerea Norteamericana. Diseñó parte del B-36 un bombardero de apodo “Peacemaker”.

De César Torre sólo encontré que se llamaba Antonio Martínez de la Torre y que escribió mas de 45 novelas con títulos muy buenos (“Belleza Total”,“Crisantemos para un vampiro”).

Clark Carrados es Luis García Lecha. Escribió casi todos los géneros pulp, incluidos millones de historias de Bonanza, con diferentes pseudónimos. El mejor: Louis G. Milk.

2.

Decidí ir mas allá del consumo de tapas, títulos y pseudónimos y me decidí a leer uno de la colección Rastros. Elegí “Sembraré tu cabeza”, de Craig Rice. En la tapa hay un hombre de traje haciendo un hueco en un surco para realizar lo que el título promete. El título original es “Having Wonderful Crime” y es de 1943. Hay una adaptación al cine de 1945 dirigida por un tipo que hacía películas del Gordo y el Flaco. Debe ser malísima.

3.

La colección Rastros está todo el tiempo en La Novela Luminosa de Levrero. Hay momentos en que Levrero se lee una de estas novelas por noche. Las comenta. Las busca. Las consume.

A mí no me generó ese vigor afectivo.

4.

Craig Rice se llamaba Georgiana Ann Randolph Craig y tiene muchos más pergaminos que los autores citados mas arriba. Parece que le decían “la Dorothy Parker de las novelas de detective”. Salió en la tapa de la revista Time (hay un pulpo fantasmal violeta que sale de las teclas de una máquina de escribir, detrás de la buena de Craig que mira para otro lado). Entre los diferentes datos que tira la biografía, uno divertido es que fue ghost writer de George Sanders cuando el actor quiso hacerse el escritor. Como toda escritora norteamericana del siglo veinte, terminó borracha y con varios intentos de suicidios.

5.

Claramente la vida de la autora es mas entretenida que Sembraré tu Cabeza. Hay que decir que la “traición” del título es muy buena. En la novela pasa efectivamente eso, pero en la epoca del pulp, el spoileo era parte del talento de los editores y no generaba la constricción sádico-anal de hoy día.

Al leerla uno entra en la lógica de estas ediciones: acción y personajes que rozan los márgenes de la moral de la época. Hay swingers, gays, mujeres feas con plata, mujeres bellas con ambición, usureros y la relación histérica de una prostituta y su padre.

El tema es que pasa todo así, como puñalada de loco. Las falsas pistas te saltan a la cara una atrás de otra. Craig no se da el tiempo de engañar al lector. Es como que grita “ahí viene el lobo, ahí viene el león, ahí viene un ovni” todo a la vez.

La estructura, como en casi todo policial, es moral. Como si la condición de poder usar lo marginal como escenografía se pagara con una moraleja. Acá le va mal al codicioso que se casa por la guita pero también a la prostituta que quiso enamorarse. La rubia boba que se cree inteligente se hace la valiente. Un taxista pollerudo le dice al marido que “debe estar orgulloso de ella, ha sido muy valiente”. Cosas así.

6.

Bueno, pero qué esperabas, podrán decir. Y sí. Es eso. Seguramente hay otras peores, mucho peores. No es que este tan mal. Pero entendí por qué Levrero las leía en una noche. En la primera sentada leí la mitad y estaba buena. Después tuve que repartirla en varias leídas y ahí se fue diluyendo, ya no veía la hora de que termine, de que deje de dar vueltas en pistas falsas. Para peor, ya se veía venir que el final no iba a estar bueno. Eran novelas que se vendían en las terminales de micro por algo. Porque sirven sólo para un viaje. Se aprecian mientras los fantasmitas están azules y titilando. Después ya fue: el aburrimiento y el cliché te comen.

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