El increíble Springer – Damián González Bertolino (Entropía, 2015)

Nouvelle es un término que deberíamos desterrar pero no voy a sacar un change.org para eso.

Doy tres razones:

1) Los tiempos de lectura decimonónicos no son los de ahora. ¿Cuántos minutos del Paris ocisoso del 1800 equivalen a uno de hoy? ¿Cuánto duraban las horas del invierno ruso? Las nouvelles de antes son las novelas de hoy.

2) ¿Por qué no pensarlas como un cuento largo? Porque no, porque es más linda la sensación de enfrentar una “novela” con la sensación de poder terminarla antes de sentirse angustiado por un cuento que no se va a leer de una sentada, de un viaje.

3) Porque engañar al mercado que sólo pide novelas con un relato largo es genial.

Dicho esto, El Increíble Springer salió en Uruguay con otro cuento que acá no se incluye. Eso lo leí en casi todas las reseñas, porque si falta algo, el deseo va para ese agujero. Somos así de básicos. El cuento largo (la novela) que sí salió publicada por Entropía es una historia de chicos y playas.

La culpa de origen: otra cosa que se lee si se investiga (guglea) al autor es que nació en Punta del Este y rápidamente se aclara que es de origen humilde (se crió en un cante de Punta del Este). No, no, no. Eso es dejarle a los tilingos del uno a uno el control del territorio. Punta del Este, tiene gracia porque es todo: Tinelli, Paez Vilaró, la mujer de Martin Amis y la mujer que limpia la casa de Tinelli, el vigilante de Casa Pueblo y el jardinero de la mujer de Martin Amis. Esas tensiones escondidas aparecen en la novela aunque desplazadas por ambientarla en una Punta del Este temprana, sin tanta grasa.

Uruguayidad: la primera oración dice “Estoy seguro de que fue en el verano de 1957 cuando Gastón Springer se transformó en el increíble Springer”. Un arranque con todo. Uno quiere saber. Pero ahí aparece el temple uruguayo, y la historia sintoniza un tono mas tranquilo, de vacaciones. Hay fútbol. Parece que va por ahí, pero no, se vuelve un Verano Azul que no está mal, pero las ansiedades quedan un poco pagando. Después sí, la trama vuelve a tomar velocidad y cierra bastante feroz en su sprint final.

Humildad megalámana: decía en Garamond12 que leyendo esta novela se percibe la estrategia secreta del uruguayo, de esconder la megalomanía rioplatense en una humildad que suena a formación reactiva.

Chicos y playas: el subgénero chicos de vacaciones en la playa usualmente garpa. Se me viene a la cabeza esa novela que seguramente leída hoy debe ser un embole, “John Frusciante se fue del grupo”. No ayudó que Frusciante haya vuelto mil veces al grupo desde que salió publicada. Y eso es una adverrtencia a los escritores que usualmente tienen una relación muy naive con el rock. Le creen todo. Lo que quería decir es que ahí estaba el adolescente, las hormonas, las vacaciones y las bicicletas. Las biciletas son muy importantes en este género.

Dark: las vetas oscuras de la historia conectan con la literatura de los pueblos sin mar de Estados Unidos y está muy bien.

La contratapa dice: “tenso y epifánico”. No hay que leer las contratapas, enchastran todo, le tienen miedo al poder de la simpleza.

Linda tapa, como usualmente hace Entropía.

Nada más.

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