La Comemadre – Roque Larraquy (Entropía, 2010)

El boca en boca de esta novela circula partido en dos. La primera parte es muy buena y la otra es polémica. Así me llegó y así la leí.

La primera parte.

En una clínica situada en Temperley en 1907, un grupo de médicos planean y ejecutan un experimento científico. Lo científico de época es mitad ciencia mitad metafísica. No conviene contar mucho de la trama, que circula por arrebatos. Sí vale la pena decir que el lenguaje que habla a Larraquy no es casual. Hay un trabajo que puede ser descripto como de orfebre o de obsesivo, según el balcón desde donde se lo mire.

La gracia es que los vericuetos son efectivos. Esa primera parte, con la jefa de enfermera, el dueño de la clínica que no habla bien español (es inglés), y la banda galena llena de excentricidades es muy buena. Me hizo a acordar a dos cosas:

1. Este video de Alejandro Posadas sacando un quiste hidatídico, mas o menos por esa época, sin barbijos y con bigotes.

2. El libro que comparte la foto, Mescalina y LSD25 de Alberto Tallaferro, uno de mis preferidos de la biblioteca psiquiatrica. Editado por una editorial de libros de abogados, Mescalina y LSD25 es una investigación que comparte el espíritu de lo que narra Larraquy: un grupo de psiquiatras que experimentan con alucinógenos de forma científica/metafísica, en 1954 en una clínica de Adrogué. No sé si Larraquy lo leyó, si alguno de ustedes lo conoce, coméntenle.

La dedicatoria dice : “A quienes voluntaria, o involuntariamente, conmigo colaboraron”

El prefacio:

“La existencia de ciertos compuestos químicos (como las anfetaminas, el andrenocromo-sic-, la mescalina y la dietilamida del ácido d-lisergico, entre otros), permiten al psiquiatra la investigación experimental de las psicosis “artificiales” de Kraepelin o “psicosis modelo” de Fisher. En noviembre de 1954 comencé mis experiencias con la mescalina en dosis alopáticas, y con la misma droga en diluciones potencializadas (homepoáticas) y una prueba con adrenocromo. En setiembre de 1955, con la dietilamida del ácido d-lisérgico (L.S.D.25) gracias al Laboratorio Sandoz S.A., al que quedo reconocido por haberme facilitado la cantidad de L.S.D.25 indispensable para realizar la experiencia.”

Vuelvo a La Comemadre. La segunda parte está fechada cien años después y el protagonista ya no es un médico con el cual uno se une empáticamente sino un insoportable freak, caricatura de Asperger, artista de instalaciones. La prosa sigue siendo potente pero el resto falla ¿Falla por culpa de lo buena que es la primera parte? ¿Porque el contrapeso era innecesario? ¿Por contaminar el halo de 1907 con un mundo más cercano, que es una mierda? Puede ser. No se sabe.

Lo que sí es cierto es que cuando al final aparece el puente con la primera parte, el lector celebra nostálgicamente el reencuentro.

El boca en boca continúa así: léanla que está buenísima (en voz mas baja: sobre todo la primera) parte.

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