Distancia de Rescate – Samanta Schweblin (RHM, 2014)

A riesgo de alguna que otra repetición, decidí volver a escribir los rastros de las lecturas. Si escuchan Garamond12, el podcast que tienen por acá cerca, van a oir algunos arranques de admiración o indignación. Acá, escritos, esos arranques se acercan al juego de Riquelme. En el aire de una conversación marcada hombre a hombre por el tiempo, se juega más a lo Bielsa.

Está bien. Riquelme y Bielsa son exageraciones. Tachen e imaginen que ahí dice Toranzo y Almeyda.

Para volver elegí Distancia de Rescate, el libro de Samanta Schwebling que fue elegido Libro del Año (pasado) por el congreso disperso que gobierna el microclima literario argentino. El método es que cada elector (escritores, libreros, editores, litcelebrities) elige tres libros (¿un cupo para el que le parece, otro para el que le parece que le tiene que parecer y el último para el amigo?). Se sacan cuentas y sale la lista.

Distancia de Rescate encabezó el ranking, seguida de El momento de debilidad (Bob Chow), La familia (Gustavo Ferreyra), La débil mental (Ariana Harwicz) y Te quiero (JP Zooey). No hay error, La Débil Mental no es la novela de JP Zooey, es otra.

Distancia de Rescate arranca con la interacción (diálogo sería reducir ese vínculo) entre un niño y una mujer. La mujer está en una situación grave y el niño le habla desde un mas allá. Arranque melodrámatico de sufrimiento e imágenes comunes: “son como gusanos” ¿Como gusanos?  No sé, gusano no dice mucho. O la protagonista se hace problema por todo o gusano no era la comparación acertada ¿Gusano-carne podrida o gusano-Parque de Diversiones?

Formalmente, la novela es una obra de ingeniería brillante. Las voces se suman, multiplican, dividen, derivan e integran. La historia aparece detrás del velo, a veces más nítida, a veces mas hipnagógica. Hay campo, glifosato, familias con lazos débiles. Es una novela sobre el lazo, justamente.

Hay momentos Cementerio de Animales.

Las imágenes, por las que después de los gusanos no dábamos ni  un peso, se vuelven disfrutablemente siniestras más al final. Sería una buena película de culto de 1972.

Entre los saltos que no llegan al otro lado y caen al abismo, el del concepto detrás del título es el que más molesta. No es que esté mal, pero la insistencia lo gasta y la expectativa que gana por ser el título es una autopista a la frustración.

Lo otro que llama la atención es el rol destinado a los hombres. Todos ausentes, tontos o fríos. Incluso al niño coprotaganista se le niega la posibilidad de la empatía. Las mujeres, en cambio, son un poco insoportables pero ya desde la inercia del martirio.

La resaca es buena. Sería el mejor libro argentino del año pasado sino hubiese sido elegido el mejor libro argentino del año pasado.

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