Charles Darwin – Autobiografía (1887)

En la edición de verano de ATLAS, la revista de psiquiatría que edito (prefiero decírselos antes que lo descubran solos), pedimos a una serie de psiquiatras y psicoanalistas que recomienden libros. El médico en general es de poco leer y pensamos que sería un estímulo. Hubo un psiquiatra que recomendó muchas cosas interesantes (P. K. Dick, K. Vonnegut) y la autobiografía de Darwin. Dios de la disponibilidad en la web mediante, la cargué en las vacaciones.

Lo primero que llama la atención es que Darwin es un vago. Hijo de un médico laburante e inteligente y nieto de una eminencia, Charles nació en una cuna de oro de la que se hace el re boludo en todas y cada uno de las paginas de su autobiografía. El padre lo manda a estudiar medicina a Edimburgo, advirtiéndole que él mismo se terminó cansando de la medicina, pero que esa profesión le dio también prestigio social. Charles, como si fuera un indie de Adrogué en los noventas, va y vuelve al año porque el hermano mayor ya terminaba y no se quiso quedar. El padre lo manda a estudiar teología para que se haga pastor (lo elige el propio Charles), pero se aburre y dice que prefiere “salir a cazar”. Mas tarde nos enteramos que no caza mamíferos sino aves.

Lo segundo que llama la atención (y exaspera) es la falsa humildad. Charles escribe esto ya consagrado, y cuenta que siendo joven las eminencias letradas de la época lo invitaban a formar parte de sus tertulias y dice que él no se daba cuenta pero “algo debían de ver en él” estos profesores(sí, Charles, tu apellido).

Lo tercero que llama la atención es su desapego de la cultura. Obviamente que su megalomanía humilde hace que diga que gracias a unas amistades (se la pasa cenando y tomando el té con burgueses) el “comprende” la música y la pintura. Después dice que de joven le apasionaba Shakespeare (“sobre todo sus obras históricas” – hoy leería las de Florencia Bonelli-) pero a medida que se va haciendo más científico, expresa que no siente ningún interés en el arte, que siente que pierde el tiempo. De alguna manera establece esa incompatibilidad entre ciencia y arte (algo de lo que su amigo Huxley se debe haber reído cuando se iba).

Sin embargo, al comentar esto, me dijeron algo interesante. Para que Darwin haya podido establecer la relación entre los datos que le permitieron armar su teoría, necesariamente tuvo que desapegarse de la cultura, sino ¿cómo hace para pensar al hombre como mono en medio de la burguesía inglesa del siglo XIX?

Lo último destacable es que tira datos de venta de sus libros (“El Origen de las Especies lleva vendidos 16 000 ejemplares hasta el momento -1876-”).

El resto, es algo inherente a las autobiografías: páginas y páginas de namedroppear tirando juicios morales ( Fulano“una excelente persona”, el Conde Mengano es“un hombre muy honesto”, etc).

La verdad es que leerla estuvo bueno porque es evidente que las grandes ideas aparecen en los mismos contextos fallidos de siempre No hay epifanías: es puro culo.

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