Biografía – César Aira (Mansalva, 2014)

Uno puede imaginarse a César Aira, en un bar de Flores, buscando esa idea que empuje la página diaria con la que avanza su obra. Acaba de entregar una novelita y quiere arrancar la siguiente. En el televisor con grasa pasan en loop las imágenes de la tragedia ferroviaria de Once enmarcadas en el rojo y azul de TN.

Paranoia y trenes”, le dicta la Musa. Y Aira arranca: “Aproximadamente un año después de su retiro de la actividad profesional, Biografía empezó a notar algunos síntomas de manía persecutoria”.

Esa velocidad de una página por dia, contada por Aira y consolidada por los rumores, se nota un montón en Biografía. La sensación es que va plantando postes. Hoy un personaje que se llama Biografía y que se da cuenta de estar volviendose paranoico. Se planta inmediatamente el misterioso poste del retiro de una “actividad profesional”. Otro día, otra página, otro poste: en qué constaba esa actividad (es buenísimo y está en sitonía con una autobiografia). El siguiente: hasta donde llega la paranoia. Otro poste es una mujer. Otro, una situación surrealista. Otro, una reflexión filosófica con comba que se va cerca del arco. Otro, una acción que pega en la barrera.

En las 91 páginas de texto sin justificar (una decisión estética de Mansalva que distrae y da idea de rigidez caprichosa mas que ágil creatividad editorial), Biografía le da al fan de Aira lo que quiere. Le toca todos los hits.

No me gustaba Aira. Cuando leí La Guerra de los Gimnasios, ese final de Dolina reinterpretando La Historia Sin Fin me hizo prometer nunca volver a agarrar un libro suyo. Pero gente que aprecio no paraba de recomendarlo. Y uno, que en el fondo es un sentimental, termina agarrando El Congreso de Literatura, donde está todo lo de La Guerra delos Gimnasios (repetición, estilo, manual) pero mejor. Libros después, podría decir que me cae mejor el Aira racional que el surrealista. Cada imagen onírica tira una par de piedras hacia el abismo y la novela tiene que volver a la ruta traccionada por la trama, que da todo lo que tiene.

Con Biografía me pasó que saliendo de una charla sobre el diagnóstico en salud mental, leo “Uno de los recursos más concurridos era darles (a los dementes) materiales de pintura para que trabajaran expresando sus patologías, lo que podía traer el beneficio marginal del diagnóstico …”. Lo marqué. El diagnóstico como un beneficio marginal cerró perfecto con lo que un rato antes había intentado transmitir. Esa sincronía entre el libro y el mundo no pasa seguido (y está bien que así sea). Cuando ocurre sin buscarse, aisladamente, es genial. Es justo lo contrario a abrir un libro forzando a que devuelva un cúmulo de identificaciones; eso sólo avanza el deterioro de la experiencia .

Me gustó Biografía. Aun el título, que suena a chiste de taller, se resuelve bien.

El problema es que ahora me gusta Aira y gente que no aprecio lo recomienda un montón (acabo de leer a Tomas contando que Patti “momento correcto, lugar correcto, persona equivocada” Smith lo elogia – pobre Aira, no es justo- ) .

Pero bueno, más allá de estas tonterías (otro día – que es probable que nunca venga- podria exponer los argumentos en contra de Patti), la relación que se va instalando con el autor es la de llegar a un momento de craving literario, un “da para una de Aira”, después de leer algun vuelo egogallináceo. Y lo mejor es que lo llamás y está.

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