Riplay – VV AA editados por J. Carrión y R. Laddaga (Adriana Hidalgo, 2014)

Cuando era chico leía los Aunque ud no lo crea en el diario La Opinión de Pergamino. Los leía a una edad en donde creer o no era intrascendente ¿Mortadelo y Filemon eran creibles? ¿Y el manual de los Cortapalos? Lo realmente importante de la sección es que era entretenida por su multiverso. Seguramente es un falso recuerdo, pero estoy seguro de que Ripley me enseñó por primera vez lo que hacía un jíbaro. Parece una tontería pero dicta una excelencia en la transimisión de saber.

Adriana Hidalgo publicó Riplay como un ejercicio de creatividad entre diferentes autores. La consigna, dicen los editores en un prefacio tedioso, era “que cada uno propusiera una o más variaciones sobre los textos y los dibujos del libro original”. Se refieren al primer volumen que recopialba las historias ripleyianas.

Los convocados son nombrados con el pais de origen entre paréntesis, un dato que parece que es importante pero sigo sin darme cuenta al momento de escribir esto. Un repaso rápido activó alarmas en el centro cerebral de Uf Mirá Quién Está. Para evitar sesgos y enojos (en ese orden), preferí posponer la revelación del autor para despues de la lectura. Hubo momentos de reaseguro de prejuicios (que ya deberian updatearse a juicios). El caso paradigmatic es Rodrigo Fresán, que escribe un texto que sería interesante de no ser, no sé si arruinado, pero sí diluído, por exceso de fresanismo: un juego ambivalente de guiño y subestimación al lector alrededor del manejo del francés u otro artefactos sarmientinos.

Está Alan Pauls también, aquel que podría figurar en las cronicas de Ripley como el que no pudo comprar una bicicleta por mercado libre, aunque usted…no lo crea. Tengo que decir que pensé que iba a ser peor lo de Alan sin embargo me gustó. ¿Estoy viejo?

Marcelo Cohen juega correcto en el lugar que le pidió el técnico. Podría dar más pero se queda ahí, como Riquelme en el dibujo táctico de Van Gaal. Hay otros que directamente no entendieron la consigna. O no tienen humor. Ni talento. Ni gracia. Y ni siquiera son muy muy muy malos, como para llegar a la chispa artística por el otro lado.

Laura Fernandez se extiende más que ninguno en un ejercicio simpático que encuentra su mejor chiste en el intercambio de mensajes entre Reagan y Gorbachov (también nombra a Pynchon pero lo ví como un exceso). Voy a las notas biográficas del final y veo que Laura nació en España en 1981 y escribió una primera novela llamada Bienvenidos a Welcome (ay, Laura) y otra titulada La chica zombie (bueno, no sé, si el destino me las pone en el camino las leeré en honor a este momento de reinado entre tuertos).

Riplay (¿el juego de palabras es la base del proyecto?) es, como podrán darse cuenta, muy irregular. El problema es que la mística orginal es de un mundo previo al estado en perpetua distancia irónica, así que reescribirlo desde este siglo de boludos que la tenemos clara, no cuaja nunca.

En las coordenadas del TERROR de quedar como tontos al creerle a un fake o comentar un hoax como si fuera verdad. En el lugar donde la inocencia avergüenza (mientras las maquinarias de la credulidad funcionan como nunca con la propaganda – no quiero distraer, pero K. Bigelow-), sería mejor plan congregarnos con el Riplay original para instalar un velo de oscuridad decimononica que tape la claridad de estas lámparas de bajo consumo actuales.

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