Las redes invisibles – Sebastián Robles (Momofuku, 2014)

Robles escribió una novela sobre los años 90s que no leí (leí la de los 90s de Link y quedé con el llanto fácil ante la próxima vaca). No creo que la lea nunca (los años noventas me agotaron como experiencia e historización). Pero ésta, incluida en el empático catálogo de Momofuku, sí me llamó. Me dijo : “Hola, soy una colección de relatos sobre redes sociales escrita en la época en que las redes sociales aburren pero tambien certifican la muerte de lo interesante, de la curiosidad, de lo que falta”. Y siguió: “no puede decirse ni que soy una novela (‘no es una novela!’), ni cuentos (‘no son cuentos!’), soy simplemente una libro hecho de las huellas que unas redes fantásticas dejaron en un papel”.

Después se calló por suerte. Las redes invisibles podría ser un libro oportunista, vago, redundante como un comentario de Apo, pero no. Tiene eso de dejar ver una premisa (“escribir sobre redes sociales inventadas”) que, bueno, es la marca de la época: elaboración a la vista. Las primeras redes se describen como variaciones creativas de facebook o de foros (me gustó la resonancia a los foros, un detalle de la old school conectada). “Variaciones creativas” puede sonar a “no sé si  linda, pero es muy inteligente”. Es así. Son disfrutables, tienen un buen índice de anécdota (alto impacto de contar de qué se trata a un tercero que no leyó el libro), pero se expanden a lo largo, no profundamente en las redes simbólicas del lector.

Esto cambia en Hospital, la historia que más me gustó. Ahí Robles engancha una rayo luminoso de Levrero, se vuelve menos anécdota y más historia. Mamushka está buena también, atacando las formas en vez del contenido (definitvamente, ahora que lo escribo, me doy cuenta que me gustó mucho más cuando Robles se metió con las formas y no con los contenidos de las redes). Animalia no, nadie contó esa historia mejor que El Planeta de los Simios y parece que nadie la va a mejorar. Crítica es simpática (buen final). Balzac… no, bueno, no da para hacer un puntaje relato por relato.

En resumen, me gustó el tono “Libro de los seres imaginarios”, que reivindique el catálogo enciclopedista con un gesto imaginativo. Para mí (¿para quién va a ser?) el valor del libro está en su sci-fi vintage y no en el sarasaseo de las redes-faceboook-twitter-etc; quedarse con esa referencia a las redes sociales reales (valga la contradicción) es empantanarse en una pereza que el autor explícitamente quiso trascender.

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