El juguete rabioso y radioactivo – Nico Saraintaris (LCB, 2015)

Todos tenemos esas ideas que en la exaltación de la charla parecen buenas y alcanzan la conclusión de “hay que hacerlo”. Ninguna se hace. La remera con el juego de palabras, el falso documental, la novela pulp.

Hace unos años, las corrientes de excitación alrededor del mash up entre el pulp y los clásicos llegó a las librerías. Me acuerdo de Orgullo y Prejuicio y Zombies y un blog que escribía Don Segundo Zombi. Al final vuelvo al autor de éste último. Sigo con el libro que generó esta entrada.

Hace unas semanas,  vi la tapa  de El juguete rabioso y radioactivo (EJRR) y me causó gracia y ganas de leerlo. Me enteré que era el primer libro del proyecto Literatura Clase B que piensa editar Don Segundo Saurio (¡Güiraldes exploitation!) y Juvenilia en Andrómeda.

El problema mas obvio a resolver en estos ejemplos citados es qué se hace con el peso del clásico. EJRR deja a la vista restos reconocibles de la obra de Arlt: el nombre del protagonista,  giros gruesos de la historia y algún nombre de capítulo. Sobre eso, Saraintaris esparce sustancias radioactivas, nazis y una dinámica de acción de héroes, bestias y espíritu adolescente. El problema se resuelve a medias. El gancho de arrancar en Arlt para terminar en una comadreja de seis patas termina siendo el remedio y la enfermedad.  Por un lado, es imposible no remitirse al clásico y el clásico – justo éste clásico- es maldito: se sienta con toda su consistencia en un extremo del subibaja y la trama pulp  se queda pataleando en el aire. El Rengo de la  novela original suena en la evocación más siniestro que el nazi ayudante de Richter; los adolescentes de Arlt son adultos, no tan teens como los de acá.

Si lo pensamos como un cover, podriamos equiparar esta literatura a esos discos de Bossa ‘n’ equis. Pulp ‘n’ Austen. Pulp ‘n’ Arlt. Pero no sería justo. Porque algunos tramos de la historia, a pesar de todos los problemas de espacio que da el corset del género, logra entretener, el único valor al que no se renuncia en estos casos.

No es una parodia, eso está claro. El problema es que tampoco es un pulp en el sentido original del género. No cuesta centavos (no hay un mercado que pueda bancarse costar centavos) y el material de impresión es  bueno. Leyéndolo, una vez apagada la sonrisa de la referencia arltiana, uno se queda con ganas de sacarse ese peso de encima y sumergirse, ya libres, en esa guerra contra los mutantes que es la verdadera historia.

La edición incluye unos capítulos de Pampas Radioactivas, una obra citada en EJRR y que los editores dicen que se irá publicando en los distintos títulos, a modo de entregas (un acierto simpático).

Bueno, todo bien con que tendría que ser todo el libro sobre la guerra contra los mutantes, pero si la historia no  tuviera el guiño de Arlt, ¿lo hubieses leído? preguntará un editor práctico. Y le diré: noventa y nueve por ciento que no. Desde ese punto de vista, es un buen libro pensado editorialmente. Desde el rincón de la lectura, quedan sensaciones contradictorias. Algunas simplezas del género me alejaban (las relaciones con las mujeres y amigos son las que más problemas tienen bajo la sombra del clásico y presentarse tan deudoras del género juvenil) pero unos giros interesantes en la trama me volvían a traer.

A ver: como película clase B es una de las buenas.

Punto aparte.

Hablé al comienzo de Don Segundo Zombi. El autor es Oscar Fariña, que hizo esa genialidad de El Guacho Martin Fierro (Factotum, 2011) que aparece en la foto

Eh, pará, “genialidad”. Sí, porque Fariña logra lo más dificil: hacer pie en el clásico para después patearle la cabeza. El Guacho Martin Fierro pasa al gaucho por el error de tipeo y lo transforma en una nueva obra. No le hace sombra el clásico: le corta todos los árboles y logra un gesto de humor y vitalidad por fuera de los géneros. No es Pablito Lescano haciendo de Hernandez (no llegaría mucho mas lejos de una gracia sobre la bombacha, hay que decirlo), es pensar a Fierro ahora con un salto estético y humor.

Cierre.

La pregunta que puede pensarse es ¿cómo divertirse y al mismo tiempo crear en  el pulp desde la pérdida de la inocencia? A veces pareciera que Aira la contesta. Emanciparse del género, confiar en la historia.

 

 

 

 

 

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