El Círculo – Dave Eggers (RHM 2014)

Otra novela de pronósticos a mediano plazo. Muy últimas novelas de Ballard. Parecida a la de Shteyngart pero con menos Hollywood.

Lo que plantea El Círculo es un futuro cercano donde todo pasa por las redes sociales. El Círculo es facebook, twitter y google todo junto, llegando a desarrollar lo que plantean esas empresas: un mundo sin secretos, un totalitarismo del dato. Se le juega a Eggers, como a toda mi generación, darle bola a nuestra infancia análoga como contraposición de esta adultez en donde no hay distancia entre conectar y vigilar.

Me lo imagino (no fue así) a Eggers furioso (furia contenida, furia light) leyendo que lo primero que hace Facebook despues de comprar Whatsapp es poner la doble tilde celeste, erradicando el derecho a leer un mensaje en paz.

Acierta en mucho: el derrumbe de lo privado, la exasperación de una filosofía superyoica con el uniforme de la buena onda, los nuevos polos de poder y la tendencia social a la horda.

Peca de ingenuo en su humanismo, porque niega que todo el desarrollo tecnológico de control y la horda es también parte de ese ser humano que él sólo ve (o quiere ver) romántico y analógico.

Dave: el ser humano es medio una cagada. Es tonto. Piensa que si hay muchos a los que les gusta algo, eso es más verdadero. Siempre el idiota es el otro. El ladrón es el otro. El inmoral es el otro (¡Es moral!) Es cholulo, egocéntrico, megalómano. A veces es inteligente y coordina sensibilidades un poco mejores, pero eso se decodifica en una burbuja chiquita en el fondo del vaso de soda de la estupidez.

Como toda novela de Eggers, nunca acelera mucho y en algunos momentos se detiene. Escribe como la Avenida Córdoba a las seis de la tarde. Es una liteatura para un ciclo de Libro Debate. Los personajes son playitos, como para que se puedan manejar rápidos a través de la trama, que adopta la forma de un ensayo actuado. En este punto – y lo mismo me pasó con las últimas novelas de Ballard (Milenio Negro, Bienvenidos al Metro-Center, incluso Furia Feroz) – uno tiene la sensación de que estaba más para el ensayo que para la ficción.

¿Son historias deudoras de Un Mundo Feliz y 1984? Sí, obvio, pero en esas hay una densidad literaria, más allá de rasgo ensayístico. Acá, meh.

Sin embargo, tiene momentos de ironía genial, como cuando los usuarios de El Círculo envían un millón de “caras de enojo” al gobierno de un país que hizo algo mal “y eso – piensa la protagonista- va a tener serias consecuencias”.

Claro, Eggers fundó un lugar de educación para gente sin recursos y ayudó a los pibes masacrados de Sudán. Vive en el mundo real. Toda esta cosa de los militantes de tuiter o las gestas de facebook les debe dar por las bolas. Lo entiendo. (Te queremos Dave, sos el mejor editor del mundo). Pero la novela se vuelve medio condescendiente con los lectores. Si vas a patear, pateá fuerte y al medio. Sino, hacete un ensayo (estamos de acuerdo en todo lo que decis, no me pongas a estos personajes turuletos para transmitir esa idea, que encima ya la pensé).

El último gesto romántico es que Eggers plantea su lucha desde la novela, como si fuera que aquellos a quienes quiere alertar tuvieran una mínima chance de leerla. Ja.

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