Una Introducción – Ezequiel Alemian (Mansalva, 2014)

Una mañana leí un intercambio de menciones en tuiter entre dos personas alabando la obra de Alemian. Parece que habia sacado dos libros este año y uno estaba buenísimo. Dijeron que Una Introducción era “lo mejor que se editó desde Otras Inquisiciones”

Fa. No sé si al hacer (más) publicas las cuestiones publicas de tuiter voy en contra de códigos por eso no nombro a los dueños de esas afirmaciones. La cuestión es que esa exageración estimuló mi curiosidad y me autorregalé el libro unos días antes de Navidad.

Obvio que a partir de ahí empecé a ver el libro por todos lados. No hubo lista de fin de año que no lo incluyera. Del microclima tuitero al medioclima de los suplementos culturales.

Cosas que me cayeron simpáticas: algunos juegos experimentales (¿Qué quiere decir con esto? , construido a partir de preguntas es muy bueno), las ficciones decididias (En Cuba), la mezcla de dato y ficción en la mezcla justa antes de desbarrancar (Paraguay).

Cosas que me parecieron buenas, clásicas, pero que quedan un poco lejos de los mejores momentos del libro: la crónica sobre la charla de Robbe Grillet, el perfil fragmentado de Corot.

Habría que decir algo sobre estos últimos: se disfruta mucho el sesgo documentalista de Alemian. Documentalista a lo Chris Maker cuando describe el encuentro de Fidel con los micrófonos fijos de la Plaza Roja.

Cosas que no me gustaron: esto es algo personal, bueno, como todo lo que puse, pero esto es más. Me desconcentra, me saca de la lectura, cuando el autor pone una referencia cultural que sobra. No puedo no pensar que lo hace para cancherear. Acá ocurre medio de movida con Ornette Coleman (encima en un contexto de chiste sobre El Perseguidor). Cuando Alemian dice Ornette Coleman abre el archivo ornettecoleman de la memoria del lector y esa información sale a chocar con lo que se está leyendo. Es difícil este punto porque, al escribir, esa mención cultural es un atajo de efecto. La trampa es que Ornette Coleman no es un significante unívoco salvo que sea virgen. Si el lector evoca ornettecoleman y no tiene nada, o le aparece richardcoleman o garycoleman y lo descarta, el ruido no interrumpe el flujo. Pero si uno se acuerda de los discos, de la imagen, de las sensaciones asociadas a ornettecoleman, de la referencia de Lou Reed diciendo que pensó Sister Ray queriendo ser ornettecoleman (¿qué quiso decir con eso, que estaba mas cerca del freejazz que del pop?), el viento de la evocación se lleva el libro de las manos.

Quizás sea un efecto de le época (nunca se dijo), la necesidad de taggear, la pereza de anclar el contexto reducido al hormigón del nombre propio, de la marca.

El relato del final, el Diario sobre el mundial de Alemania, me generó mucha expectativa y termina defraudando un poco porque es una Novela Luminosa, pero en vez de los laberintos obsesivos de la melancolía montevideana, se pasea por esas páginas el espíritu sobrador de quien orgulloso dice que no le importa el fútbol, pero como viene el mundial va a ponerse a escribir sobre él (la versión intelectual del ama de casa que hincha por argentina, la traducción literaria de saberse sólo el cantito de la barra quilombera).

Pero ¿por qué no me gustó? Leyendo más atentamente, el texto es lo suficientemente ambivalente como para dejar entrever que hay futbol en la voz que cuenta. Un mínimo deseo futbolero hay. Debe ser de Velez. No ser, debe simpatizar con Velez. En realidad este relato me gusta y no me gusta a la vez. Da muchas vueltas y entre tantas, alguna acierta y otras erra. Erra cuando se detiene en hablar del programa del Bambino con Bilardo o al obnubilarse con lo que dice Maradona. Acierta cuando habla de la franelita blanca con que Lippi se limpia sus anteojos.

Era obvio que no es lo mejor que se editó desde Otras Inquisiones, así como Otras Inquisiciones no fue lo mejor que se editó desde el Otras Inquisiciones anterior. Pero está muy bien plantearlo así. En medio del croar de las reseñas de libros “imprescindibles” hay que agitar con un rugido exagerado a las publicaciones que tocan un punto de pasión lectora.

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