Al límite – Thomas Pynchon (Tusquets, 2014)

Thomas Pynchon es mi autor favorito la mayor parte de las veces que me pregunto cuál es mi autor favorito. Muy de adolescencia, tardía o temprana, eso de tener un autor favorito. Casi siempre va de la mano de Cortázar, Borges, o , bueno, la línea Hesse-Osho-Coelho-Rolón.

Siento un lejano cotorrerío que quiere extirpar al alemán de esa serie, pero no pienso hacerlo, entre otras cosas porque nunca leí nada de Hesse, así que me es más fácil acomodarlo a lo que para mí son impresiones y para ustedes, aves parlantes, prejuicios.

Pynchon es escuchar Sister Ray por primera vez. El link antes de que exista el link. El plan quinquenal que se desprende de la adoleescenteada de “mi autor favorito” incluyó el diseño de dos remeras, proselitismo en clases o charlas de congresos, regalar ya no recuerdo cuántas Subastas del lote 49, favear gente con la que no comparto mucho territorio estético pero Pynchon, y otras bajezas que mi memoria se resiste a evocar. Mejor saltemos hacia la madurez temprana.

Inherent Vice tenía el super defecto de la traducción. Cada tres palabras el termo gallego que lo tradujo eligió poner “cachi” y eso me llevaba todo el teimpo a una vieja formación de Talleres de Córdoba donde brillaba (es un decir) el Cachi Zelaya. Nada menos L.A. que la T. El problema con Inherent Vice lo captó perfecto Gabriel Lagos, el editor de la exquisita revista Lento (y bajista de los no menos exquisitos Supersónicos): es como si Pynchon hubiera decidido ponerse a escribir la novela después de ver diez veces El Gran Lebowski. Sportello es el Dude (el cachi, me corrige el traductor de Tusquets). Por eso es el primer libro de Pynchon en ser filmado por la Industria (hace poco descubrí que hay una especie de documental alemán inspirado en El arco iris de gravedad; Prüfstand 7 se llama, el trailer está bueno).

Al Límite (Bleeding edge) es la novela que sigue, la que provoca estas líneas. Tiene en común con Inherent Vice la elección de una trama más lineal y no tan entrópica como las novelas viejas. La traducción es muchísimo mejor, no sólo que no cachiiza sino que mantiene en inglés muchas palabras que todos conocemos (geek, nerd, hacker) y agregaron un breve glosario al fondo, como para no perturbar la lectura.

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La protagonista es una mujer pynchoniana: inteligente pero arrebatada, fálica pero no histérica. Sabrán disculpar la exageración, pero Pynchon capta algo de lo femenino que muy pocos siquiera sospechan.

La maraña de esta historia es la Nueva York previa al atentado de las Torres en el momento de la debacle de las puntocom y mucha plata dando vueltas por las oscuridades del mundo, todo impregnado de la paranoia norteamericana.

Recuerda a las novelas distópicas de Ballard pero en lo que en aquellas es una intuición (“sí, tiene razón, todo se está yendo a la mierda para ese lado”), acá es una certeza (“y sí, hoy estamos metidos en la mierda que empezó en esa época”). Mucho mas eficaz que predicar a Bakunin es leer Pynchon (un consejo que da este espacio  a los jóvenes – y lamentablemente no tan jóvenes- que insisten en mantener el mundo como está sólo para que leer Bakunin tenga algun sentido) // ¿Por qué me la agarré con Bakunin?

(…) todas las pantallas de los televisores se quedaron apocalípticamente en negro: crisis en los terceros actos de las películas, chicas semifamosas con diminutos atuendos y tacones aguja renqueando penosamente por el último espectáculo que se le ha ocurrido a alguien, resúmenes deportivos, infomerciales de aparatos milagrosos y hierbas quee devuelven la juventud, reposiciones de telecomedias de tiempos mas esperanzados, todas las formas de realidad en las que la unidad básica es el pixel…

Más allá de la trama, el estilo de Pynchon es genial.

¿Cómo no amar a un señor de setenta y siete años que menciona el psychobilly y describe un momento de perturbación de la protagonista como “un bug epistemológico suelto por ahí”?

No quiero contarles mas. Tengo el libro marcado cada cinco páginas. El punto más importnate para decir  es que es un libro de ahora, que habla del presente con una lucidez y claridad que sólo habiendo vivido esos setenta y siete años como Pynchon se puede lograr. // Me fijé quiéen más nació en 1937 y me encontre con Jack Nicholson -bien- y Tristán – lo que echaría un poco por tierra las ideas de Darwin-.

Epilogo. Dos cosas. En un momento se habla de video juegos y un personaje elige éste que sigue como “el mejor juego clásico de todos los tiempos”.

Robotron

Y otra:  No vale la pena perderse en el juego de los obsesivos que linkean cada una de las cosas que se mencionan en las novelas. Sugiero dejarse llevar por la marea de links y así disfrutar de una obra que es la excepción que rompe la regla.

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