El corto verano de los hombres / Un hermoso deporte – Ariel Pichersky (Milena/LP, 2013)

La puerta de entrada a  Ariel Pichersky fue este perfil sobre Caruso Lomabardi, una prosa en otra velocidad, que incluía el humor como parte del arco cromático. Me cayó bien.

Después, buscando otra cosa, aparecí en Los Proyectos y me encontré con Un deporte hermoso; lo bajé.

UDH contiene tres cuentos y comparten estilo con la nota de Caruso, lo cual (esperaba el momento en que el límite expresivo me lleve a poner “lo cual”) fue en alguna medida un alivio. Como una película que es tan buena como trailer.

Si tengo que decir cual es el gancho de los relatos de Ariel, si me obligaran con métodos tortuosos o extásicos, o si simplemente me generaran un vacío de deseo que atraiga mi discurso hacia él, siendo conciente de que mis palabras están siendo drenadas, lo que diría es que con cada coma va uniendo moléculas de historias que construyen la gran sustancia.

2014-09-17 09.25.14

Mi relato favorito de UDH es el del medio, Reconstruir y descifrar, que arranca con una genial serie de cálculos sobre las estrategias de marketing de los papeles higiénicos. Un dropnamer tiraría acá un rescatado escritor uruguayo a modo de clasificación, pero no voy a caer en eso. No voy a caer en eso. No.

Un deporte hermoso se baja de acá.

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A El corto verano de los hombres llegué ya en el mundo real (el mundo de los cuerpos), por medio de un enhancer que sacó de su mochila el pequeño objeto (acá pequeño está  como homenaje al doblaje de Pocoyó).

La tapa no dice nada, la contratapa es la tapa. Loco, ¿no? Tipo Manga. En realidad me hizo acordar a una edicion de McSweeney’s que tenía un formato similar. Eggers explicaba el chiste diciendo que así eran los libros que llegaban al frente en la Primera Guerra Mundial.  Pero bueno, otro día discutimos si un libro por fuera de los formatos habituales suman o restan. Adelanto: suman al principio, restan después (o sea: desilusionan como objeto).

El corto verano de los hombres tiene dos cuentos. El primero es muy, muy bueno y te deja con ganas de más. Sólo voy a decir que empieza con unos pescadores marplatenses viendo unos lomos de ballenas en el horizonte. El segundo es un relato redneck situado en las rutas del Mercosur, con chamamé en vez de Johnny Cash o Tom T Hall.

A esta altura, creo que lo que más me gustó de los relatos de Pichersky es su intención de reescribir en un plan literario, dejando atrás una generación de egos que creían que sus historias de Yo, Yo, Yo eran interesantes (no, no lo eran, escritores de los noventas, no provocaban a nadie diciendo pija cada tres palabras, ni describiendo cómo tomaban merca arriba de una moto).

Es un síntoma del paso del tiempo este renacer de la sensibilidad literaria, me parece (autoconfesión). Ya no puteo a Aira y me aburre al nivel de un disco triple de King Crimson cualquier cosa que empiece con un gil que se hace el guacho cogedor.

¿Pero el párrafo anterior no sería un poco Yo, Yo, Yo? Sí, pero es claramente un déficit y no una virtud. Tampoco seamos fundamentalistas: el yoyoyoismo  aún tiene mucho que dar en el mundo de la crítica regida por el copyandpastismo de gacetillas o contratapas regadas de nombres.

 Leanse El corto verano de los hombres, que lo pueden bajar de acá.

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